Eres traductora de silencios que heredaste

Hay un trabajo que nadie te pidió que hicieras, pero que empezaste sin darte cuenta. Traducir. Convertir en palabras audibles eso que tu madre guardó en el pecho durante años. Sus miedos, sus anhelos, sus historias interrumpidas. Tú las sacas a la luz, las organizas en frases que otros puedan entender. Pero en ese proceso de traducción, algo se queda atrás. Algo que solo ella y tú conocen.

Lo que se pierde en la traducción

Cuando traduces una historia, la limpias. Le quitamos las aristas, los silencios incómodos, la vergüenza que la envolvía como un abrigo gastado. En español, en este idioma que compartimos aquí, las palabras se escuchan diferentes. Pierden el sabor del susurro, el peso de lo nunca dicho, esa vergüenza que era, en el fondo, prueba de amor. La vergüenza es fidelidad. Es la marca de que cuidaste algo tan frágil que preferiste guardarlo a romperlo en la boca de otros.

Pero mira: esa pérdida no es un fracaso. Es el costo de ser puente. De ser la voz que ella no tuvo.

Tu acento es un mapa

Cada vez que hablas, llevas en la boca la ruta de donde viniste. Tu acento no es una falta de pronunciación. Es cartografía. Es la prueba de todo lo que atravesaste para estar aquí, diciendo estas palabras, en este lugar. Es el rastro de fronteras cruzadas, de idiomas mezclados, de historias que tuvieron que aprender a vivir en más de una lengua para sobrevivir.

Eres bilingüe no solo de lenguas, sino de silencios. Hablas el idioma de lo que se dijo y el idioma de lo que quedó callado. Y ambos son lenguas verdaderas.

La fidelidad está en seguir hablando

No traducir la historia de tu madre es una opción. Traducirla, aunque sea imperfecto, aunque pierda matices, es un acto de amor. Es decir: lo que tú guardaste importa. Merece ser escuchado. Merece existir en el mundo, aunque sea en palabras prestadas, aunque sea con acento, aunque sea incompleto.

Porque la traducción perfecta no existe. Existe la traducción honesta. La que reconoce que algo se pierde, pero elige hablar de todas formas.

Si tú también traducces historias de silencio, si llevas en la boca el acento de lo heredado, necesitas un espacio donde eso sea válido. Donde la traducción imperfecta sea respetada. Donde los que sienten mucho pero hablan poco encuentren sus palabras.

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