Cuando las palabras de tu madre se deslizan entre tus dedos como agua
Hay un dolor que no cabe en las conversaciones superficiales. Es el dolor de quien habla inglés pero siente en español. De quien dejó atrás una lengua entera —la lengua de su infancia, de sus abrazos, de sus primeras palabras— y ahora la busca desesperadamente en los rincones de su memoria. No es nostalgia. Es traición. O al menos eso es lo que susurra tu voz interior cada vez que tu madre te llama y tú respondes en el idioma del exilio.
El idioma que perdimos es también el idioma que nos salvó
Cuando emigras, algo muere y algo nace al mismo tiempo. Tu lengua materna se convierte en un fantasma que visita tus sueños. Las palabras que tu abuela te enseñó desaparecen. Los dichos que escuchabas en la cocina se esfuman. Y en su lugar crece otro idioma —uno que te permite trabajar, estudiar, sobrevivir en esta tierra nueva. Pero cada vez que eliges el inglés sobre el español, sientes que estás traicionando sangre. Que estás abandonando raíces. Que estás matando una parte de ti misma.
Aquí está la verdad que nadie te dijo: ese olvido no es abandono. Es el precio de seguir viva.
Las palabras olvidadas son puentes, no precipicios
La lengua que perdiste no desapareció completamente. Se transformó. Ahora vive en los momentos en que buscas desesperadamente una palabra en español y no la encuentras. Vive en tu acento cuando hablas inglés. Vive en los sueños donde aún escuchas la voz de tu mamá llamándote por tu nombre completo.
Cada vez que intentas recordar, estás construyendo un puente entre dos mundos. Ese puente es amor. Es resistencia. Es la prueba de que no te has ido del todo, aunque físicamente estés lejos.
No esperes a que sea demasiado tarde
Hay algo que debes hacer hoy. No mañana. No cuando te sientas "mejor" o "menos ocupada". Hoy.
Llama a tu mamá. Dile lo que no pudiste decir en su idioma. Hazlo en el idioma que ahora hablas, si es necesario. Lo importante no es la lengua. Es que ella escuche tu voz. Que sepa que sigues aquí. Que aunque hayas adoptado otro idioma, tu corazón aún late en el suyo.
Porque eso es lo que el silencio nunca dirá: que el amor no tiene idioma. El amor es la lengua que trasciende toda traición, todo exilio, toda distancia.
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