Hay quienes buscan en su madre lo que su padre nunca supo dar. Sus manos calladas no sabían decir lo que sentían. Aprendiste sola. Pero mira, ese silencio era su forma de amarte, de no quebrarte con sus propias grietas. Tu fuerza no vino de un manual. Vino de ti, de aprender a sostenerte cuando nadie te mostró cómo. Esa herida es tu maestría. Y hoy es el día para usarla.