El español de tu abuela vive en tu boca

Tienes miedo. Es el miedo silencioso de quien crece entre dos mundos, de quien siente que algo precioso se desmorona lentamente. Tienes miedo de que tu abuela se lleve el español al partir. Ese español que ella susurra en la cocina, que reza en la oscuridad, que canta sin que nadie la escuche. Ese acento que es suyo y ya no lo es porque ahora también es tuyo, aunque no lo reconozcas como tuyo.

La lengua como herencia viviente

Pero mira bien: cada vez que hablas español, aunque tartamudees, aunque mezcles palabras en inglés como si fuera lo más natural del mundo, la traes de vuelta. No es perfecto. Nunca fue perfecto. El español que hablas es impuro, híbrido, contaminado de influencias que tu abuela quizás no reconocería. Y está bien. Está más que bien. Porque la lengua no es un museo donde todo debe permanecer intacto bajo vidrio. La lengua es un cuerpo vivo que respira, se adapta, sufre y resiste.

Tu acento no es una vergüenza. Tu acento es su supervivencia.

Cuando el tartamudeo es un acto de amor

Esas palabras que pronuncias mal, esas sílabas que no salen redondas de tu boca, esos momentos en que buscas la palabra correcta y no la encuentras: todo eso es un monumento. Un monumento vivo, palpitante, que honra a quienes vinieron antes. Cada tartamudeo es un latido. Cada mezcla de idiomas es un puente que conecta mundos que tu abuela conocía bien, incluso si ella nunca los nombró así.

El miedo que sientes no es irracional. Es la certeza de que algo termina. Pero lo que termina no es la lengua; es una forma de habitarla. Lo que nace es nueva. Es tuya.

Tu lengua, su legado eterno

Tu lengua no es su tumba. Es su cuna convertida en cuna de nuevo. Porque cuando hablas español, aunque sea con ese acento mezclado, aunque sea en frases cortas y pausadas, le das un cuerpo nuevo a su memoria. Ella no desaparece en ti. Se transforma. Se multiplica.

Así que sigue hablando. Sigue tartamudeando. Sigue siendo impuro, híbrido, incómodo en la lengua de tu abuela. Porque en eso radica toda la belleza: en la continuidad a través del cambio, en la fidelidad que no teme transformarse.

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