Esa lengua que escondiste en el recreo sigue siendo tuya
Recuerdo tu lengua encogida. Esa que se replegaba contra el paladar cuando los otros niños se burlaban de cómo pronunciabas la "r", de cómo tu abuela vivía en cada sílaba que salía de tu boca. Recuerdo cómo aprendiste a tragar las palabras antes de decirlas, a filtrar tu acento como si fuera una vergüenza que debías esconder en el bolsillo trasero del uniforme.
Pero quiero que escuches algo importante: ese acento que silenciaste no era un error. Era herencia. Era tu abuela hablando a través de ti, era tu tierra natal resonando en las vocales que no te atrevías a pronunciar con libertad.
La herencia que llevamos en la boca
Nuestras palabras son más que sonidos. Son puentes hacia quiénes somos realmente. Cuando escondiste tu lengua en el patio de la escuela, escondiste también las historias de tu familia, los caminos recorridos, las manos que te enseñaron a hablar. Cada acento es un mapa de afectos, un territorio emocional que merece ser honrado, no ocultado.
Hoy, cuando abres la boca para hablar español con ese acento que antes te avergonzaba, estás haciendo un acto profundo de amor. No solo hacia ti misma, sino hacia esa niña que tuvo miedo, hacia la abuela que vive en cada palabra, hacia toda la cadena de personas que llegaron hasta ti a través del lenguaje.
Recuperar lo que nos fue arrebatado
Recuperar nuestra lengua no es un capricho nostálgico. Es un acto de resistencia y de sanación. Es decir: mi forma de hablar es válida. Mi acento es bello. Las palabras de mi gente merecen ser escuchadas sin disculpas ni atenuantes.
Porque quienes sentimos mucho y hablamos poco sabemos lo que cuesta encontrar las palabras justas. Sabemos lo que duele silenciarse. Por eso, cuando por fin hablamos, cada palabra es un regalo que nos damos a nosotros mismos y a quienes nos escuchan.
Una invitación a hablar sin miedo
Si todavía guardas esa lengua encogida en algún rincón de tu memoria, quiero invitarte a sacarla a la luz. A pronunciar cada palabra con la solemnidad de quien sabe que está honrando a sus ancestros. A entender que tu voz, exactamente como suena, es necesaria en este mundo.
En Palabras que Sanan creemos que el silencio nos ha costado demasiado. Por eso celebramos cada acento, cada pausa reflexiva, cada manera única de nombrar lo que sentimos.
Si estas palabras tocan algo dentro de ti, si reconoces esa niña que escondió su lengua, te invitamos a suscribirte. Aquí encontrarás reflexiones que honran lo que callas, que validan lo que sientes, que te acompañan en el camino hacia recuperar tu voz. Porque mereces ser escuchada exactamente como hablas.