Extrañas el acento de tu madre en el teléfono

Hay quienes extrañan más su voz que sus palabras cuando llama. Esa entonación que no se puede replicar, ese timbre que lleva dentro toda una geografía de ausencias y presencias. Cuando cuelga, te queda rebotando en el pecho como una pregunta sin respuesta, como algo que querías haber dicho pero el nudo en la garganta no te dejó.

Las manos que guardaban historias

Recuerdas sus manos mientras pela papas en la cocina. Cómo contaba sin mirar, como si la historia viviera en la repetición del gesto. Historias de abuelas que no conociste, de pueblos que solo existen en su memoria, de decisiones que tomó para que tú tuvieras algo mejor. Esas manos tenían acento también. Un acento que se perdió entre el ruido de la olla y tus años de no escuchar bien.

Te duele no poder decirle que creciste. Que finalmente entendiste por qué guardaba silencio en ciertos momentos, por qué sus palabras pesaban tanto. Quieres decirle que ahora ves lo que ella hizo en la penumbra, sin esperar aplausos ni reconocimiento. Pero las palabras se atascan. El acento de ella sigue siendo más elocuente que tu voz.

El mapa del amor en el vacío

Ese vacío que llevas no es un error. Es el reverso del amor. Es la prueba de cuánto la amaste, cuánto la amas. Cada vez que echas de menos su acento, cada vez que tu cuerpo se detiene porque creíste escucharla, estás llevando la medida exacta de lo que significó su presencia. Los vacíos grandes son regalos de los amores grandes.

Tu silencio es el suyo, protegiéndote desde lejos

Ella también guardó silencio. Guardó palabras como quien guarda monedas para un día de hambre. Su silencio fue protección, fue sacrificio. Y ahora tu silencio —ese que te hace falta llenar de cosas que no sabes cómo decir— es el suyo mismo, funcionando. Es ella, todavía, protegiéndote desde lejos. Es su acento mudándose en tu forma de estar callado.

Seguir aquí, vivir, es tu forma de decirle que sí valió la pena. Que todo lo que ella calló, todo lo que ella hizo con esas manos, funcionó. Tu existencia es su respuesta.

Si estas palabras te tocaron, si reconoces ese acento que falta en tu teléfono, te invitamos a subscribirte. Aquí en Palabras que Sanan escribimos para quienes sienten mucho y hablan poco. Recibe cada semana reflexiones que dicen lo que tu pecho guarda. Porque mereces que alguien nombre lo que tú casi nunca nombras.